domingo, 7 de octubre de 2007

EL plan Bologna

Llevamos un mes de clases entre recuperaciones y matrículas. La facultad está limpia y las miradas lascivas van patinando por el encerado. Aparte de los nervios de los primeros días y de los extravíos de clase y de horario nos podemos encontrar, en los pasillos y corrillos universitarios, con preguntas lanzadas (como si se hablara de tendencias de automutilación o si te has sacado el carnet del bicing) respecto a si hacemos evaluación continua, única, si cabíamos en clase o que tal profesor se pasa por el forro de los huevos los nuevos planes de Bruselas.
HA LLEGADO el momento para que veamos qué hay de verdad en la facultad. Las condiciones estan dadas y tenemos la experiencia años anteriores.
Las condiciones son, por ejemplo, la prohibición de pegar carteles en las puertas de cristal del edificio principal. ¿Será que regalarnos periódicos o cualquier bisutería es más importante que nuestra asamblea? La negación de darnos las condiciones para realizar charlas y otras actividades lúdico-culturales, políticas y de reflexión son constantes. ¿es que las obras de teatro con vernissage y los congresos que organiza el ayuntamiento son más importantes que los propios estudiantes? El raval es un inmenso parque de atracciones en donde la población local o inmigrante trabajadora, pobre y altamente organizada es marginada de los espacios. ¿acaso que decathlon, zara y fnac vendan mucho es más importante que los estudiantes y vecinos podamos sentarnos en una plaza o hacer una fiesta en nuestro campus hasta las 9 pm?
Parecen temas inconexos pero ¿no será que el hecho que se privaticen los espacios públicos y mi facultad sea una coincidencia?

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